San Bernardo y el monasticismo
Aunque la última cruzada nos lleva al año 1270, tenemos que retroceder cien años, y
referirnos brevemente a la expansión de la vida monástica, en particular bajo la influencia de
San Bernardo, abad de Claraval. Su predicación, que precedió a la segunda cruzada, y que ya
ha sido mencionada, fue sólo una de sus muchas actividades. Por medio siglo apareció como
líder y rector de la cristiandad —el oráculo de toda Europa. Aunque la idea del monasterio
había existido desde los tiempos de Antonio, ya hacía ochocientos años, no hay duda de que
el interés en el monasticismo fue sumamente estimulado durante la vida de Bernardo. A él
mismo se le atribuye la fundación de ciento sesenta monasterios esparcidos por Francia,
Italia, Alemania, Inglaterra y España. La vida en estos monasterios era extremadamente
severa. Obrando bajo la piadosa pero engañada suposición de que cuanto más alejados
estuvieran de los hombres, tanto más cerca estarían de Dios, los monjes se infligían a sí
mismos todo tipo de tortura y sufrimiento. Bernardo sobresalía en esto, y pasaba el tiempo en
soledad y en el diligente estudio de las Escrituras. El efecto del sistema monástico en general
sobre el pueblo en las Eras Oscuras tiene que explicar su buena disposición a creer cualquier
cosa que les dijera un monje, especialmente sobre el bien o el mal, sobre el cielo o el infierno,
y el monasterio era incluso considerado como la puerta del cielo. Por engañado que estuviera
Bernardo, y a pesar de lo que registra la historia de negativo en sus acciones, no se puede
dudar que era un verdadero creyente. En realidad, su vínculo con el Señor tiene que haber
sido real y de gran valía para él, o nunca hubiera podido escribir este himno:
¡Jesús! sólo en ti pensar
De deleite el pecho llena;
Pero más dulce será tu rostro ver
y en tu presencia reposar.
Detalles como éstos confirman la anterior referencia a la ininterrumpida hebra de plata de la
gracia de Dios. Sin embargo, no se debe dar la impresión de que todos los monasterios
llegaban a la norma de los que estaban bajo el control de Bernardo, ni que la condición de
estos últimos se mantuvo igual tras su muerte. En general, las condiciones en ellos era
lamentablemente mala.










