Lutero denuncia a Roma

Lutero denuncia a Roma
Pero Lutero no podía limitarse a una mera defensa de lo que ya había escrito. En los términos
más duros e irrefutables denunció públicamente todo el sistema del papado e incluso apeló al
emperador para que no permitiera que sus súbditos se dejaran seducir por tal sistema. «No
puedo,» añadió Lutero, «someter mi fe ni al Papa ni al concilio, porque está tan claro como el
mediodía que ambos han errado frecuentemente y se han contradicho entre sí. … Aquí estoy.
Nada más puedo hacer. ¡Que Dios me ayude. Amén!»
Para profundo disgusto de Roma, Carlos pareció quedar influido por la fe genuina del
reformador, y tan sólo consintió a un edicto de destierro. Su propio temor a Roma le impidió
hacer menos. Habiendo de esta manera perdido su presa, el malvado poder de Roma trató de
asesinar a Lutero, pero el buen Elector de Sajonia lo protegió, y, durante la temporal calma
que siguió, Lutero, como preso dentro de la seguridad del castillo de Wartburg, pudo dedicar
su atención a la traducción de la Biblia.