Lutero condena abiertamente las indulgencias, 1517
Este choque fue ocasionado por la visita a Wittenberg de John Tetzel, un notorio traficante en indulgencias. «Os daré cartas,» decía Tetzel, «todas debidamente selladas, mediante las que incluso los pecados que tenéis la intención de cometer os serán perdonados. No hay pecado
tan grande que no pueda ser remitido con una indulgencia. Sólo pagad bien, y todo os será
perdonado.» Así era la malvada y blasfema enseñanza de Tetzel, y en pocas ocasiones
encontró a hombres suficientemente ilustrados, y más raramente todavía suficientemente
valerosos, para enfrentarse con él. Lutero, sin embargo, no dudo un momento en condenar a
este osado impostor, y, no satisfecho con sus prédicas públicas, fue tan lejos como para clavar
sus famosas tesis en la puerta de la iglesia de Wittenberg. No sólo sirvieron estas tesis para
denunciar y condenar la inicua práctica de las indulgencias, sino que también se profesó por
primera vez la doctrina evangélica de la remisión gratuita de los pecados, sin ayuda alguna de
ninguna absolución humana. Esto tuvo lugar el 31 de octubre de 1517. El efecto fue
electrizante, y las noticias se esparcieron como un incendio por toda Europa. Se tiene que
observar, sin embargo, que Lutero distinguía entre el dogma de las indulgencias y la
enseñanza general del papado. Estaba convencido de que lo primero era erróneo; pero no
estaba liberado aún en cuanto a lo segundo. Por esto, sus tesis tienen todavía un fuerte sabor
de catolicismo. Este hecho explica la aparente indiferencia con la que Roma recibió las
primeras noticias de Wittenberg y el hecho de que transcurrieran casi tres años antes que
Lutero recibiera la bula de excomunión del Papa. Lo que tuvo lugar en el alma de Lutero
durante este período quizá nunca se sabrá. Fue objeto de muchos ataques, mientras que desde
todas partes se lanzaban contra él vituperios y acusaciones; incluso sus más entrañables y
fieles amigos expresaban sus temores y desaprobación ante su actuación. Él había esperado
que se unirían a él los dirigentes de la iglesia y los más distinguidos académicos, pero todo
fue de manera muy distinta a lo que se había imaginado. Se sintió solo en la iglesia y solo
contra Roma. No es sorprendente que se sintiera agitado y desalentado y que comenzaran a
formarse dudas en su mente. Tal como él mismo escribió después: «Nadie puede saber lo
que sufrió mi corazón durante aquellos dos primeros años, la desesperanza en que me hundí
… porque en aquel tiempo desconocía muchas cosas que ahora, gracias a Dios, conozco.»
Lutero condena abiertamente las indulgencias, 1517
Published on Abril 19, 2008
in Historia Iglesia.
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