Limitaciones de la Reforma

Limitaciones de la Reforma
Es quizá deseable en este momento pasar a repasar muy rápidamente las limitaciones y fallos
de la Reforma, siempre dando la debida honra a la notable cadena de fieles testigos que Dios
suscitó para llevar a cabo aquella magna obra. La doctrina de la Reforma expuso que Cristo
murió para reconciliar a Su Padre con nosotros. «Una enunciación,» como ha dicho J. N.
Darby, «totalmente errónea, confundiendo el nombre de relación en bendición con Dios en
Su naturaleza; enseñando lo que la Biblia no enseña, afirmando ellos que la obra de Cristo era
reconciliar a Dios con nosotros, y cambiar Su mente.» La verdad de la proyección del amor
de Dios con la libre y espontánea acción de Su gracia y naturaleza estaba ausente de la
teología de los reformadores y de sus credos. Ellos tenían que «es necesario que el Hijo del
Hombre sea levantado», y creían en su eficacia; pero no tenían el concepto de «porque de tal
manera amó Dios al mundo, que dio a su Hijo unigénito.» Además, predicaban la
justificación por la fe para la liberación de las almas, pero al establecer un sistema enseñaron
que el perdón de los pecados era obtenido mediante regeneración bautismal, y luego se
torturaron tratando de conciliar ambas cosas. La Reforma nunca fue más allá de la verdad de
la justificación por medio de la muerte y resurrección de Cristo. La formación de la asamblea
en relación con Cristo ascendido y el Espíritu Santo enviado desde el cielo, y la segunda
venida de Cristo —primero para recibir a Sus santos y luego para juzgar al mundo— no
fueron ni tocadas.
La aplicación de la justificación por la fe —una verdad verdaderamente preciosa en sí
misma— era, naturalmente, dirigida al individuo, y este mismo hecho resultó en la
transferencia de poder e importancia de la iglesia al individuo. La idea de la iglesia como
dispensadora de bendición fue rechazada; y todo hombre fue llamado a leer la Biblia por sí
mismo, a examinarla por sí mismo, a creer por sí mismo, a ser justificado por sí mismo, a
servir a Dios por sí mismo, por cuanto debía responder de sí mismo. El pensamiento recién
nacido de la Reforma —siempre correcto, pero mucho tiempo negado por el Romanismo—
era, primero bendición individual, luego la constitución de la iglesia. Pero lamentablemente el
verdadero concepto de la Iglesia de Dios se perdió entonces de manera total, y no fue
recuperado hasta los inicios del siglo diecinueve. Hasta adonde habían llegado, los
reformadores estaban en lo cierto, pero al perderse de vista el puesto y obra propios del Señor
en la asamblea por el Espíritu Santo, los hombres comenzaron a unirse y a erigir unas
llamadas iglesias según sus propias ideas.
Iglesias independientes
Rápidamente se iniciaron una gran variedad de iglesias o sociedades religiosas en muchas
partes de la cristiandad, efectuando cada país su propia idea en cuanto a cómo debía
constituirse y ejercerse el poder eclesiástico. Esta diferencia de opinión resultó en los cuerpos
nacionales e innumerables cuerpos disidentes, todos independientes entre sí, que siguen
viéndose por todas partes. La mente de Cristo en cuanto al carácter y la constitución de Su
iglesia parece haber sido totalmente pasada por alto por los líderes de la Reforma en su
insistencia en el gran principio de la fe individual.
Con este sumario en mente acerca del resultado de la Reforma, podremos narrar tanto mejor
la historia de la iglesia, en particular en Inglaterra, durante los 280 años entre el
establecimiento de la Reforma y la recuperación de la verdad de la asamblea a principios del
siglo diecinueve.