La predicación de Latimer
Sin embargo, lo que Tyndale estaba haciendo de manera silenciosa lo llevaba a cabo Hugh
Latimer con sus sermones. Latimer había sido un partidario tan firme de Roma en sus
primeros años que los papistas creyeron que Lutero había por fin encontrado su igual, pero
cuando llegó el tiempo de Dios, la visión de Latimer quedó en el acto transformada.
Convertido de manera notable durante la confesión de uno de sus penitentes que había
abrazado la verdadera fe cristiana, Latimer actuó tan denodada y valerosamente en su
denuncia de las doctrinas de Roma como antes lo había sido para mantenerlas. Las amenazas
de los obispos fueron inútiles, y sus sermones fueron empleados para iluminar a muchas
almas. Además, el mismo rey Enrique VIII, que (aunque sólo para sus conveniencias
domésticas) estaba tratando de sacudirse el yugo de Roma, apoyó la predicación de Latimer.
Lo superficial que era este interés de Enrique se verá más adelante; lo cierto es que tan sólo
hacía pocos años lo había sometido todo al Papa, y fue el Papa quien concedió a Enrique VIII
el título de «Defensor de la Fe», por haber escrito contra las doctrinas de Lutero. Sin
embargo, los papistas no estaban dispuestos a dar un respiro a Latimer, y, siendo llamado
ante el obispo de Londres bajo una acusación de herejía, fue excomulgado y encarcelado.
La influencia de Cranmer
Fue durante esta época que Thomas Cranmer salió a la luz pública. Aunque era superior a
Latimer en erudición, le iba a la zaga en lealtad a Cristo, y pasó mucho tiempo antes que
mostrara la suficiente resolución para librarse de las redes del papismo. El consejo de
Cranmer a Enrique VIII con respecto a su divorcio de Catalina de Aragón le atrajo el favor del
rey, y fue designado para la Sede de Canterbury. Aunque empleó su autoridad para lograr la
liberación de Latimer, la obra de la Reforma no prosperó tanto como hubiera podido
esperarse con Cranmer en este alto cargo. Desde luego, no apoyó la quema y la tortura de los
herejes, pero era demasiado tímido para tratar de suprimir tales prácticas, que continuaron de
manera alarmante. Fue el mismo Enrique el responsable de esta cruel persecución. Aunque
era Romanista de corazón, y se gloriaba en todo el ritual, rehusó aceptar la supremacía del
Papa, refugiándose en la posición independiente que había adoptado como cabeza de la iglesia
en Inglaterra.
Enrique VIII persigue a los reformadores
El rey y el clero llegaron a un acuerdo de un carácter de lo más infame. El rey les dio
autoridad para encarcelar y quemar a los reformadores siempre que ellos le ayudaran a
rescatar el poder que había sido usurpado por el Papa. En 1540 esta persecución iba a recibir
un nuevo empuje con la aparición de los famosos Seis Artículos. La causa ostensible de esta
malvada ley era promover la unidad de los súbditos de Enrique en cuestiones de religión. En
realidad, se trataba de un sutil medio para poner a los protestantes fuera de la ley. Así, lo que
sucedió fue que la rotura sólo se hizo más grande. Condenaba a muerte a todos los que se
opusieran a la doctrina de la transubstanciación, de la confesión auricular, a los votos de
castidad y a las misas privadas, y a todos los que apoyaran el matrimonio del clero y dar la
copa a los laicos. Cranmer empleó toda su influencia, e incluso arriesgó del desagrado del
rey, para impedir su aprobación, pero todo en vano. El partido Romanista seguía siendo
poderoso, y el temperamento del rey se hizo más violento que nunca. Latimer fue echado en
la cárcel, y cientos de personas pronto le siguieron.
La predicación de Latimer
Published on Abril 19, 2008
in Historia Iglesia.
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