El comienzo de las Edades Oscuras
La herejía de Arrio fue sólo uno de muchos intentos de Satanás durante el siglo cuarto y
quinto para corromper la verdad. Por ejemplo, surgió un hombre llamado Pelagio negando la
total corrupción de la raza por la transgresión del primer hombre, y enseñó que nacemos en
inocencia, quedando por ello excluida la necesidad de la gracia divina. En muchos casos, Dios
suscitó soberanamente a hombres que combatieran estas malas doctrinas, pero la gloria de la
iglesia iba desvaneciéndose constantemente, y estaba introduciéndose el terrible período de las
Edades Oscuras. El testimonio de un Cristo rechazado en la tierra y exaltado en el cielo —
que habría brillado con tanto resplandor en los días de los mártires— estaba ahora
perdiéndose rápidamente, porque el verdadero carácter de los cristianos como extranjeros y
peregrinos se había desvanecido con su amalgamación con el mundo. Además, por cuanto la
confesión del cristianismo era considerada como una vía segura para la riqueza y el honor,
todas las categorías y clases solicitaban el bautismo, mientras que muchos trataban de unirse
al orden sagrado del clero con los motivos más mezquinos.










